Rumbling Lips es un dúo de rock más potente que una banda al completo. Formado por San Sebastián Aymar, una guitarra de sonido sucio y una voz desgarradora, y Andoni, una batería con ritmos primitivos. Sus canciones son definidas como puñaladas por su crudeza y vehemencia y su sonido es abrupto e implacable. Influenciados por el delta blues, el rock de los 60 y 70 y la psicodelia. Su puesta en escena es apasionada y explosiva.
Sabemos que vuestra unión fue fruto de un encuentro esporádico en un local de ensayo. ¿Cómo surgió tan rápido esa química?
Algunas personas le llaman el amigo amarillo. Es cuando conoces a alguien y conectas tan rápido que parece que os conocéis de toda la vida. Nosotros conectamos tanto personal como musicalmente desde el minuto uno. ¡Fue instantáneo!
Han pasado dos años desde el lanzamiento de vuestro primer single “Is This Love?” ¿Cuánto habéis evolucionado desde entonces y dónde os veis dentro de dos años?
Personalmente creemos que ha habido una evolución rápida en el directo que por un lado es lo que siempre hemos tenido en mente, y queríamos que fuese el punto fuerte. También meternos en estudio y grabar ha sido un aprendizaje sobre cómo queremos sonar y hacia dónde queremos ir. También aumentan las tareas a medida que la cosa se va poniendo más seria y el tiempo para los ensayos se reduce, cosa que debemos intentar evitar.
El blanco y negro es el protagonista en vuestro imaginario, explicadnos porqué utilizáis esta estética tan marcada y cuidada que os define.
Creemos que en blanco y negro las cosas son más directas y sin distracciones. Es como ir al grano. Lo mismo que intentamos aplicar a la hora de componer las canciones. Menos es más es una visión de nuestra realidad. Intentar hacer lo máximo con el mínimo de elementos.
¿Cuánta energía invertís en cada concierto para que dos personas sonéis como una banda?
¡Toda! Jajaja. Es la única manera. Nos enfocamos en el directo, y es lo que más nos gusta. Además creemos que es lo que nos caracteriza y que es uno de los puntos más fuertes de la música. No hay nada como salir al escenario preparado para compartir esas sensaciones, esa adrenalina y sentir esa conexión con el público. Cuando percibes que todos entráis en el mismo trance, y se crea una atmósfera casi mágica.
¿Cuál ha sido el momento más mágico que habéis vivido en esta última gira? ¿Y vuestro mejor concierto hasta la fecha?
Nuestro mejor momento hasta la fecha diríamos que fue tocar en el Jazzaldia 2022 y un punto muy potente y memorable también en el Rat’s Cup (Biarritz). En estos dos conciertos se produjeron esas conexiones potentes de las que hablábamos y la gente lo dio todo.
¿Tenéis algún ritual antes de un concierto?
Aymar: Yo suelo ponerme un video de una canción que me flipa en directo mientras caliento con la guitarra para meterme en el mood que quiero transmitir en el concierto. Como cuando ves la parte que te flipa en un video de skate y te vas a patinar. Andoni se come un plátano antes del concierto, jajaja. Es lo más parecido a un ritual que tiene.
Aquel día, cuando una empresa de skateboarding os regaló un skate con vuestro logo, para vosotros se cerró un ciclo. ¿Por qué?
Aymar: Sí, Rumbling Lips nació con una fuerte relación directa con el skateboarding. A raíz de no poder patinar es cuando empecé a hacer música. Casi desde el principio tuve claro que quería hacer un proyecto así, que fuese crudo, enérgico y salvaje. De hecho, creo que las personalidades salen en todas las ramas artísticas. El estilo de skateboarding que a mí me ha gustado siempre lo veo muy reflejado en la música que hacemos. Hay un claro paralelismo. Y la forma de enfocar las composiciones y todo lo relacionado con Rumbling Lips es la misma. El skateboarding ha sido la inspiración y el motor de mi curiosidad hacia la música y muchos otros tipos de arte desde que era niño, y lo sigue siendo.
¿En qué ambiente componéis? ¿Entre conciertos, en el local de ensayo o mientras patináis?
Aymar: Generalmente compongo tanto en casa como en el local de ensayo. La inspiración llega en cualquier momento, y hay que agarrarla y disfrutarla. El proceso de componer es de las cosas más satisfactorias que disfruto. Me he pasado horas y horas componiendo y de repente darme cuenta de que me encontraba fatal, y era porque había perdido la noción del tiempo por completo y me había olvidado de comer o al menos hidratarme. Jajajah
Así de inmersivo puede llegar a ser el proceso, ¡al menos para mí! Es un momento en el que todo desaparece y te pasan por la cabeza a toda velocidad miles de ideas con infinitas posibilidades. Me encanta la sensación de poder canalizar esas ideas, darles forma y plasmar un sentimiento en forma de música. Repito, es muy similar a pensar cómo hacer un truco o una línea en casa y luego ir a probarla con tu monopatín.
A veces también salen ideas mientras ensayamos, o yo voy al local con una idea en bruto y entre los dos las terminamos de dar forma.
Ha sido un camino largo, desde trabajar en skateshops y skateparks hasta iniciar nuestro propio proyecto DIY llamado Ramputene en nuestra ciudad con riders locales. Que, por cierto, se ha hecho enorme. Mi vida siempre ha estado y siempre estará ligada al skateboarding.
Andoni, ¿qué música escuchas?
En privado, rara vez escucho rock. Siempre escucho música clásica o electrónica.
¿Qué conexión sentís con Brixton?
Nos hace ilusión ser embajadores de Brixton porque es una marca que no solo aboga por el skateboarding y el surf, sino que también se preocupa por artistas como músicos y pintores, que creemos que está muy unido.
Lo que más nos gusta de la música es que es un lenguaje universal con el que todos podemos expresar y compartir sentimientos. Disfrutar y conectar con solo escuchar una canción. Y eso es casi como un superpoder.














